Por qué no publicamos un número
Una lista de precios asume que ya sabemos qué necesitás. Todavía no lo sabemos. Dos proyectos que en una tabla irían en la misma fila — «un MVP», «un agente de IA» — pueden no parecerse en nada ni en trabajo ni en precio, según con qué sistemas tengan que hablar y en qué estado estén tus datos. Los dos salen en semanas igual. Lo que cambia es cuánto hay que resolver adentro de esas semanas.
Publicar «$X por un MVP» nos dejaría dos salidas, las dos malas para vos: inflar el número para cubrirnos de todo lo que no sabemos, o recortarte el alcance hasta que entre en el número. En el primer caso pagás de más. En el segundo pagás un precio justo por algo que no resuelve el problema.
Así que vamos por el camino aburrido: primero entender el objetivo, después poner el número. Por escrito, con lo que incluye y lo que no.
Qué mueve el precio de verdad
Estas son las variables que recorremos cuando armamos una propuesta. Si venís a la llamada con una idea de dónde caés en cada una, salís con un número mucho más ajustado.
El objetivo, no la cantidad de pantallas
«Validar la idea con usuarios reales antes de fin de año» y «reemplazar el sistema con el que facturamos» se parecen en un brief y no se parecen en nada. El segundo no puede fallar un martes a la mañana, y eso son pruebas, monitoreo y respaldos que el primero no necesita.
Con qué se tiene que hablar
Un producto nuevo, sin nada atrás, es la punta barata. Enchufarse a un ERP de hace quince años sin API, a un CRM que cada área usa distinto, o a un proveedor que solo te manda un CSV por mail: ahí es donde se van las horas de verdad.
En qué estado están tus datos
Si la información ya vive ordenada en una base, un agente la usa esta semana. Si vive en cuarenta planillas donde el mismo cliente está escrito de tres formas distintas, primero hay que ordenarla. Es trabajo real, y conviene saberlo antes y no a mitad de camino.
Cuántas personas tienen que decir que sí
Un founder que decide en la llamada y un comité con legales, compras y seguridad no cuestan lo mismo, aunque el software sea idéntico. No es una crítica a los comités: es tiempo de calendario, y va en una estimación honesta.
Qué te exige tu industria
Trazabilidad, auditoría, datos que no pueden salir del país, el cuestionario de seguridad que te manda tu cliente corporativo. Nada de eso es decoración arriba del producto: cambia la arquitectura desde el día uno.
Quién lo maneja después
¿Te lo dejamos andando y sigue tu equipo? Entonces la documentación, el handoff y la formación son parte del precio. ¿Preferís que sigamos nosotros un tiempo? Es otra forma. Ninguna es mejor: cuestan distinto.
El plazo
Nuestro rango normal ya se mide en semanas, no en trimestres — así que la palanca no es «rápido o lento», es cuánto más abajo de eso necesitás llegar. Comprimir significa más gente en paralelo y decisiones que después salen caras de revertir. Si tu fecha tiene algo de aire, es la palanca más barata que tenés, y casi nadie pregunta por ella.
Qué no lo mueve
- Las horas que estemos sentados al teclado. El precio sale del alcance que acordamos, no de cuánto nos lleve llegar. Si le erramos a la estimación, es problema nuestro.
- Cuántas reuniones necesites para quedarte tranquilo. Pedí más.
- Que el proyecto tenga o no las letras «IA» adentro. Usamos agentes porque nos hacen más rápidos, no para poner un recargo.
Cómo llegamos a tu número
Una llamada de 30 minutos
Nos contás qué querés lograr y qué ya intentaste. Recorremos las variables de arriba. No hay pitch: si en esa llamada queda claro que no somos los indicados, te lo decimos ahí mismo.
Una propuesta escrita
Alcance, qué queda explícitamente afuera, plazo y precio. Sin cargo: si la leés, te llevás el mapa y seguís por tu cuenta, está perfecto.
Arrancamos, o no
Si te cierra, empezamos contra el alcance firmado. Si no te cierra, no te vamos a perseguir por mail.
Lo que está incluido salga lo que salga
- El código es tuyo y vive en tu organización desde el día uno — no es un entregable que aparece al final.
- Ingenieros senior. No hay juniors tercerizados atrás del logo ni staff aug.
- El alcance por escrito antes de empezar, en vez de un contrato abierto.
- Sin lock-in: si mañana seguís sin nosotros, todo lo que construimos sigue andando.
Y si lo más barato es no construir nada, te lo decimos
A veces el objetivo se cumple con una automatización de dos semanas y no con una plataforma entera. Venderte la grande nos conviene este trimestre y nos perjudica con el tiempo: preferimos hacer bien el proyecto chico y ser la llamada que hacés la próxima vez que se rompa algo caro. Somos cuatro ingenieros, no una agencia con sillas que llenar, así que podemos permitirnos decirte «esto no lo necesitás».
Lo que nos suelen preguntar
¿Cuánto sale un MVP?
No hay un número honesto sin el alcance. Lo que sí podemos hacer en 30 minutos es decirte exactamente de qué depende en tu caso, y la propuesta escrita que sigue trae el precio cerrado.
¿Cobran por hora o por proyecto?
Por alcance acordado. La propuesta dice qué incluye, qué no, el plazo y el precio antes de que empiece el trabajo.
¿La propuesta tiene costo?
No. Si la leés y decidís seguir por tu cuenta, el trabajo de mapear el alcance te lo quedás igual.
¿Qué pasa si el alcance cambia a mitad del proyecto?
La parte nueva se cotiza aparte y por escrito antes de construirla. Nunca aparece como una sorpresa en la factura.
¿Trabajan con presupuestos chicos?
Depende del objetivo, no del monto. Hay objetivos que se resuelven con una automatización de dos semanas y otros que no entran en ningún presupuesto chico. Decilo en la llamada y te decimos honestamente si somos el partner correcto.
¿«Consultá por precio» no es una forma de cobrar según la cara del cliente?
Es una sospecha razonable. Justamente por eso la propuesta va por escrito, con el alcance detallado y el precio cerrado antes de que arranque nada: podés ponerla al lado de cualquier otra, y si el alcance no se mueve, el precio tampoco.
Contanos qué querés lograr
Media hora. Sin formulario de doce campos ni secuencia de mails después. Salís con una idea concreta de por dónde va tu número — y si preferís pensarlo, con el problema mejor mapeado que cuando entraste.
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